Belén perpectiva de la actividad de los santos Constantino y Elena: arqueología, política y creación de la topografía sagrada
La actividad del emperador Constantino el Grande (306–337) y su madre, Santa Elena, se convirtió en un punto de inflexión en la historia de Belén, transformándolo de un asentamiento poco conocido en uno de los principales centros del mundo cristiano. Su contribución no se limita a la arquitectura, sino también a la formación de la propia paradigma del peregrinaje cristiano y la geografía sagrada.
Contexto politico-teológico: de las persecuciones a la religio licita
Después del Edicto de Milán (313) el cristianismo obtuvo estatus legal y más tarde se convirtió en religio licita. Para Constantino, que aspiraba a la consolidación del imperio, el apoyo al cristianismo fue un proyecto tanto espiritual como político. La adquisición y marcación de lugares de la historia evangélica servían a los fines de la legitimación de la nueva fe como base de la unidad imperial y el establecimiento de la realidad histórica de los eventos evangélicos. Belén, como lugar del Nacimiento, ocupó un lugar central en este proyecto.
Misión de Elena: entre tradición y arqueología
El peregrinaje de Elena a la Tierra Santa alrededor de 326-328, cuando tenía alrededor de 80 años, es descrito por los historiadores eclesiásticos tempranos (Eusebio de Cesarea, Socrate Escultista). Según la tradición, fue Elena quien identificó la cueva en Belén como el lugar de nacimiento de Cristo. Curiosamente, en la tradición cristiana temprana (notada en Justiniano Filósofo y Orígenes en los siglos II-III) la cueva en Belén ya era venerada por los cristianos locales como santuario, posiblemente en contra de los intentos del emperador Adriano (aproximadamente 135) de profanarla, estableciendo un santuario de Adonis. De esta manera, Elena no «descubrió» el lugar, sino que canonizó y confirmó su estatus en el marco del programa imperial. Su misión fue un acto de «arqueología sagrada» — la inve ...
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